Desde dónde comenzar la reflexión

A Fondo -

Daniel Castro Aniyar
Sociólogo y Antropólogo

Aunque parezca extraño, hemos estado pensando junto con tantos compañeros desde hace unos dos meses, y no sólo desde esta inestable y reciente derrota electoral. Muchas de estas ideas incluso ya llevan años madurando. En lo particular pensamos en ello junto a mis hermanos de ViVe, cuando hacíamos programas sobre la reforma, en los talleres en los que se discutió a fondo cada artículo de la reforma, junto a 500 trabajadores a lo largo de estado Zulia, quizás el área electoral más sentida por el impacto del fracaso. Y, a pesar de haber creído que íbamos a ganar, como nosotros y los encuestados (incluso los del NO), las ideas de este artículo siempre estuvieron allí, con un vigor que, estoy seguro, muchos compañeros, y gente de esta nación compartimos, a veces en silente complicidad.

Aquí dejo estos espejos:

1. Si bien hay desacuerdos de diferente tipo en el seno del proceso sobre el texto de la reforma, ella en su conjunto, es de un valor inapreciable para el avance de las fuerzas democráticas de Venezuela y el mundo. El artículo 16, por sobre todos los demás, a pesar de que lleva en su redacción imprecisiones de riesgo innecesario, indica un camino con el que los venezolanos empezamos a consustanciarnos: el camino hacia el autogobierno comunal. Un camino urgente para un Estado que adolece de burocracia, infiltrados, agentes de la corrupción y el oportunismo. Pero también un camino cuya profundidad no se construye en tan poco tiempo, porque se trata de una revolución en las relaciones históricas del poder y la cultura. No bien los consejos comunales empezaron a rendir frutos creímos que el salto debía ser, como fue, audaz y precipitado. La audacia es una virtud para el 13 de Abril, así como para responder a la velocidad de las coyunturas, pero el autogobierno no es una coyuntura y debe construirse en la persistencia de una pedagogía liberadora, que respete procesos de la cultura popular, y en la praxis consistente, enamorada, llena de identidades que solo puede liberar el ejercicio del poder popular. No hay que olvidar que hace solo dos años las alcaldías y gobernaciones, bolivarianas y de oposición, se estaban secuestrando para sus intereses presupuestarios a los Consejos Locales de Planificación Pública, estrangulando por vez primera al poder popular desde adentro del mismo proceso.
Está bien que hayamos perdido. Creo que la reforma requiere de un aliento más largo, que permita, con todas sus neuronas puestas al servicio del poder popular, otros lazos sociales, pasar del decreto a la cultura.

2. No hay duda que muy buena parte de la consolidación del No y de inestabilidad del Si se debe a una inclemente campaña de mentiras y juego sucio por parte de la oposición. A todo lo largo del Zulia, no dejamos de oir, inclusive en boca de los dirigentes más acorazonados, el miedo a que el Estado le quitaría la patria potestad a los padres, arrebataría las propiedades, crearía provincias autoritarias, que Chávez sería un presidente eterno, el matrimonio gay (contra el que no tengo nada), la desaparición del voto y demás manipulaciones bien repetidas por opositores y los mismos chavistas. Pero eso también se produce porque la respuesta del aparato electoral bolivariano no arrancó de manera articulada hasta que la Asamblea no presentó su versión final. En otras palabras, se le regaló a la oposición dos meses para montar una matriz mediática oprobiosa y manipuladora, sin respuesta sólida y articulada por parte del Estado o del poder popular, cuando en realidad la propuesta original del presidente sí había sido presentada con prudencial tiempo como para adelantar una campaña. La Asamblea confió entonces en lo que no debía confiar: en la rapidez de las estructuras electorales del proceso (Maisanta, Miranda y ahora Zamora), la cual solo ha funcionado cuando el pueblo de manera auténtica y masiva tiene todas sus disposiciones abiertas a profundizar los cambios y engrasar la máquina. La Asamblea no confió ni escuchó al pueblo.

3. No creo en un gobierno de alianzas con la oposición. Pero sí creo que hay que dejar abiertas las puertas al diálogo complejo, un sitio fuera del tiempo y el espacio de la polarización, donde sea simbólicamente posible, la interacción entre clases, la imagen de la reconciliación. La técnica de radicalizar para ver a quienes se les caen las caretas es útil en algunos casos, pero no es útil cuando el que está adentro e infiltrado no lo está por jugarse sus principios sino porque es un simple y descarado oportunista jala mecates. Se cae la máscara de aquellos que dicen “mis principios no me dejan seguir”, pero el que está sacando la parte gruesa del negocio, o un simple sueldo de Pdvsa no se ve amenazado en sus intereses. Por otra parte, la transformación al socialismo, a la democracia desde el pueblo, debe creer en la posibilidad de sumar más gente con principios, transformando principios al código de las mayorías (y respetando las minorías, claro está), y no gente sin nada en el corazón y mucho bajo la manga.
En las técnicas corporativas japonensas se vió con especial interés a los estudiantes revolucionarios dispuestos al enfrentamiento violento, incluso a los maoístas japoneses, para ser absorbidos por las empresas: la técnica consiste en valorar esa capacidad de creer, cuando es dirigida a la empresa, porque produce buenos resultados. Este, por supuesto, es el ejemplo caricaturesco del neoliberalismo, pero ¿No por eso mismo es posible y más lógico reciclar y profundizar los principios de los adversarios hacia la revolución?. No hay que temer el principio del adversario, hay que pensar que el imperativo democrático es siempre más fuerte, al menos en este momento de la historia. El poder popular debe alimentarse de diversidades, así como de la guevariana irreverencia de la discusión, allí donde está la fuente más importante de reflexión al tiempo que le toca vivir ahora al proceso.

4. Finalmente, creo que es importante redirigir la mirada hacia la mediática del proceso. VTV no ofrece al usuario de TV muchas más opciones de interés a la gente que el Aló Presidente y la Hojilla (cuyo estilo no solo no comparto sino que he combatido, pero cuyo trabajo compensa lo que no sucede en otros espacios). Aquellos medios comunitarios que no son tales, y que se dedican a jalar mecate a las instituciones, y mi amada ViVe TV, que ha crecido mucho recientemente, pero que sigue construyendo contenidos sin tiempo, audacia e inmediatez. Los circunloquios, los actos lingüísticos repetidos, la incapacidad de procesar el conflicto, como base toda narración de interés, hacia las fuerzas socialistas, y la ausencia de juventud, o aún más de una juventud que n sea estereotipada, alejan la pantalla de la gente. Se necesitan cuadros de relevo y creer en ellos. No instrumentar, sino comunicar. No convertir al periodista en portavoz del gobierno, sino en constructor de conocimiento. Jugar con las emociones, responsablemtente, porque la TV no es un libro: la TV es emoción.
Para nuestro país la clave sigue siendo el empeño en levantar el poder popular. Incluso ahora más que nunca. Poder popular para pasar de la coyuntura a la historia, del subdesarrollo a la potencia, no por la vía de la partida presupuestaria, no por la vía del petroleo y los enfrentamientos mediáticos, sino por la vía del trabajo y de los trabajadores, los que hacen posible todo lo que conocemos.